Final de la XI edición de Relatos en cadena

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El lunes 2 de julio es la gran final de la XI edición del concurso Relatos en cadena, de Escuela de escritores y la Cadena Ser en su programa La Ventana. Por alguna razón, soy finalista con el microrrelato Pagar las facturas, ganador del mes de marzo, y quería recopilar el trabajo de mis compañeros para que estén todos estos micros tan dispares junticos y a mano. Así, de paso, releo el trabajo de los finalistas.

Septiembre 2017 – Patricia Collazo

Itinerantes

La casa ha comenzado a llenarse de hormigas, dice mi madre. Y nos mudamos de ciudad. Eso ocurre cada tres o cuatro meses. Mi hermana y yo hemos pasado por tantos colegios que ya no recordamos sus nombres.

Cuando nos instalamos, llama a mi tía y le dice que ya estamos a salvo. Pero nunca le quiere dar la nueva dirección. Te conviene no saberla, suele decirle. Como si las hormigas fueran capaces de sonsacársela para poder dar con nosotros de nuevo. Aunque tome tales precauciones, lo mismo da. Ellas terminan encontrándonos. Y toca recogerlo todo, cargar el coche y cambiar de amigos y de cole. Otra vez.

Octubre 2017 – Francesc Barberá

El deseo

La ciudad del amor cambió totalmente a papá. Cuando volvieron del viaje, mamá estaba entusiasmada. Pero no tardó en arrepentirse de haber pedido aquel deseo. Papá hacía cosas muy raras: todas las noches le cantaba una serenata y le llenaba la habitación de rosas. Incluso llegó a contratar un avión para que dibujara sus nombres en el cielo. Han decidido volver a París. Papá quiere casarse frente a la Torre Eiffel. Mamá está deseando regresar a aquel puente, cerrar los ojos y pedir que todo vuelva a ser como antes.

Noviembre 2017 – Carmen Alonso

Mi bebé

Y se ríe, se ríe con cualquier cosa. Se ríe al despertarse, y antes de dormir, y cuando lo tomo en brazos y lo beso, y cuando salimos a pasear, y cuando lo baño. Solamente llora cuando le doy de comer, no le gusta la papilla que le hago con patata, zanahoria y un poco de pollo; lo pongo todo a hervir y cuando está hecho lo paso con la batidora.
Desde el día en que lo vi en el parque supe que yo sabría hacerle feliz. ¿Qué será lo que le falta al puré?, ¿Qué será lo que le ponía su madre?

Diciembre 2017 – Victoria de la Fuente

Padre permisivo

Su padre también le dejaba conducir la furgoneta, arreglar la cerca, bajar los sábados al cine del pueblo, ir al bosque a coger leña y piñas para encender la chimenea y, esa Navidad, le permitió poner él solo las luces del árbol. Lo único que le tenía prohibido, desde que su madre los abandonó para irse con otro, era bucear en el lago que había al lado de la casa.

Enero 2018 – Lorenzo Rubio

Mimos

Pestañeó dos veces para decir que sí estaba bueno el filete, pero se había quedado con hambre. Su mujer le respondió con aplausos. Claramente, eso significaba te fastidias, haberlo acompañado con pan. Enojado, él se tocó las orejas para pedirle el divorcio, pero automáticamente ella reaccionó tirándose de los pelos. Era lo más bonito que nunca le había susurrado, así que la perdonó hurgándose la nariz. Fue cuando su esposa hizo la ola levantando y bajando los brazos, una señal inequívoca. Excitadísimos los dos, se fueron dando saltos de rana hacia el dormitorio. Ya recogerían la mesa mañana

Febrero 2018 – Rafa Olivares

Dilema

Se quedaban discutiendo dónde pondrían el sofá durante horas. Aunque en realidad las opciones no eran tantas: o bajo la palmera o en la orilla, con los pies a remojo mientras pescaban.

Marzo 2018 – Fernando Díaz Pérez

Pagar las facturas

Salieron juntos cogidos de la mano después de limpiar el cuadrilátero, coserse las heridas y darse una ducha. Como cada noche, se llevaron el montante de la bolsa a casa. Abrazados en la cama, dijeron que sería la última vez; ya se las apañarían para pagar las facturas.

Abril 2018 – Alba Baro

Luchas a distancia

Pesaban muy poco pero aplastaban sueños. Seleccionábamos las piedrecillas más pequeñas, aquellas que apenas se percibían escondidas en nuestros bolsillos. Luego, encogidos entre los arbustos, apuntábamos, guiñando un ojo, mordiéndonos la lengua, para terminar celebrando en un silencio exultante cada barquito derruido. Al otro lado, los niñitos repeinados, con cuellos camiseros y pantalones de pana lloriqueaban demandando la presencia de sus nanys.

Décadas después se cobraban su venganza. Con sus ligeras plumas trazaban gráciles firmas que nos enviaban de una patada a las duras calles.

Mayo 2018 – Nicolás Jarque

Venganza mortal

Cuando éramos jóvenes practicábamos la inconsciencia, hacíamos gala de ello. Quien más quien menos, entre mis amigos, se solía emborrachar, caminar por la barandilla del puente de los colgados, nadar a contracorriente las noches de mar picada. La Muerte nos temía. Cuando la veíamos aparecer al final de una callejuela, en el rincón más oscuro de una taberna o en medio de un tumulto, con esa pose tan regia, nos mofábamos sin piedad. Ella bajaba la cabeza y se marchaba arrastrando su túnica. Ahora nos arrepentimos. Pasan los años lentamente y la Muerte se ha olvidado de nosotros.

Junio 2018 – Asier Susaeta

Mundo subterráneo

Prefiero las ratas porque, aunque lentas, son de fiar. El resto prefiere tirarles huesos a los caimanes para que se los traigan, luego los acarician y claro, así a casi todos les faltan dedos. Por suerte sólo se necesitan dos para jugar a los bolos con una calavera de las redonditas, de las de abuela. Al quién es quién, sin embargo, pueden jugar hasta los mancos. Cronometramos un minuto de lloriqueos, cada uno hace su apuesta y después les preguntamos cómo se llaman a través de la alcantarilla. Los muy ilusos siempre nos hacen prometerles antes de responder que los dejaremos entrar.

— x —

Son buenos, ¿verdad? No sé cuál es el sistema de votación en la final ni cuántas personas votan; no me gustaría estar en el pellejo del jurado. Tengo un par de favoritos, relatos de esos que lees y te dejan poso, pensativo, dándole vueltas, relees y asientes en silencio. Por lo que a mí respecta, el micro elegido será justo vencedor porque, en el fondo, todos me gustan.

Intentaré parecer un ser humano integrado durante la jornada, no como la ameba en que me he convertido (más) durante el estudio de la oposición. Será interesante: visita a la sede de la Escuela de escritores (que conozco bien), comida con los compañeros finalistas, Javier Sagarna y Germán Solís, y visita a los estudios de la Ser para dar en directo la final. Si por lo que sea me preguntan algo y soy capaz de pronunciar más de dos palabras, diré que la constancia es la mejor virtud para escribir algo, lo que sea. Siempre es mejor escribir que no hacerlo, da igual el resultado. Si no escribes, nunca escribirás nada. Juro (dedos cruzados) que no me acuerdo de los greatest hits de M.Rajoy al decir esto.

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«¡Claro que me lo estoy pasando bien!»

También tengo curiosidad por ver la redacción de la Ser tantos años después, fui de niño y aún conservo esos recuerdos basados en imágenes difuminadas de micrófonos amarillos, sonidos huecos dentro unos auriculares gigantescos que me ponían cuando acompañaba al estudio a mi madre.

Gracias por llegar hasta el final del camino, el curso que viene habrá más microrrelatos. ¡Feliz verano!

 

Microrrelatos junio 2018

En este mes de junio en el que no llega el calor como en iglú a la intemperie, termina el concurso de la Cadena Ser y la Escuela de Escritores de relatos en cadena 2017 – 2018. Más de treinta semanas de programa para llegar a la final anual que, según las últimas informaciones, será el lunes 2 de julio.

Pero aún queda junio y la entrada del verano, así que de momento vamos con la semana 30.

Semana 30: Los dejaremos entrar. Plazo de presentación, hasta el jueves 7 a las 12:00h. Salida en antena en La Ser, lunes 11 sobre las 18:45h.

Ataque

Los dejaremos entrar si la cosa se pone fea. No tengo el bar para turistas.

Ya se ha puesto feo, el hombre del cuchillo ha apuñalado a la señora del perrito. ¡Viene hacia aquí!

Espera, no abras, parece que se entretiene con el gordo ése.

¿No es Sebas, tu marido? ¡Está sangrando! Se ha quedado tumbado, muy quieto. ¿Estará muerto?

Se le parece, pero podría no ser.

¿Y si es él?

Que no hubiera estado tan gordo.

Semana de ofuscación, no me salía nada.

Semana 31: Hablar de muertos vivientes. Plazo de presentación, hasta el jueves 14 a las 12:00h. Salida en antena en La Ser, lunes 18 sobre las 18:45h. ¡Última semana!

Un día cualquiera

Hablar de muertos vivientes minutos antes de bajar el cierre, a quién se le ocurre. ¡Barre la trastienda! ¡Archiva los albaranes! Los jóvenes de hoy sólo piensan en la tele y los videojuegos. ¡Muertos vivientes!

Eché la llave de la puerta, puse la alarma de la tienda y miré la hora: casi las ocho. Por la esquina, camino de la iglesia, venían los viejecitos de la residencia, con su andar pegajoso y sus gemidos espectrales. Cuando llegaron a mi altura, me uní a ellos.

Posdata: informaré por aquí del resultado de la final anual. ¡Recordad, 2 de julio!

Microrrelatos mayo 2018

mayo 2018

Empezamos el mes de mayo con la primavera amagando su llegada. Tanto si hace bueno como si hace frío, hay que seguir con los microrrelatos de la Cadena Ser y Escuela de Escritores. Aquí están los míos.

Semana 26: Deberías ver las rozaduras de mis talones. Plazo límite: jueves 3 de mayo 12.00h. Salida en antena: lunes 7 de mayo sobre las 18.45h.

El legado de Dorothy

Deberías ver las rozaduras de mis talones después de cada encantamiento. Golpearlos tres veces cada vez que quieres algo es una lata y, además, estos zapatos de rubíes no son de mi talla. Me los regaló mi madre antes de dejar el negocio familiar, aunque creo que habría preferido tener al cargo a una hija de pies pequeños y no a una futura jugadora de baloncesto de las Brujas de Kansas.

Sé que la frase final sería una frase de inicio terrible, y que mucha gente habrá llegado al mundo de Oz con el principio de esta semana, pero que me quiten lo bailao.

Semana 27: Cuando éramos jóvenes. Plazo límite: jueves 10 de mayo 12.00h. Salida en antena: lunes 14 de mayo sobre las 18.45h.

La reserva

Cuando éramos jóvenes la Tierra ya no existía, y ahora resulta que el Consorcio de Inteligencia Artificial quiere replicarla y convertirla en una especie de reserva para criaturas basadas en carbono, en un zoo sin jaulas, con organismos vivos pululando por ahí. ¿Te imaginas? Pues a todos los vecinos les ha llegado una carta con una invitación exclusiva para la inauguración. A nosotros también. ¡Todo el mundo tiene una! Iremos junto a cientos de miles de personas llegadas de todos los planetas habitados.

No estoy muy seguro de que se entienda lo que quiero. Vaya plan.

Semana 28: La muerte se ha olvidado de nosotros. Plazo límite: jueves 17 de mayo 12.00h. Salida en antena: lunes 21 de mayo sobre las 18.45h.

Burocracia

La muerte se ha olvidado de nosotros y de toda esta gente. ¿Qué número tiene usted? ¿El 527? Yo tengo el 841. Hace unos días pensé que el luminoso estaba estropeado, pero ayer cambió del 102 al 103. ¿Ve al pobre diablo junto a la máquina de café? Pasó meses haciendo cola y resulta que le faltaba un papel. Tuvo que volver. Ahora lleva un niño, un bebé que debió nacer mientras no estaba en casa. Con un poco de suerte, pasarán antes de que llegue la comunión.

Por mandar algo. Es horrible, lo sé.

Semana 29: Prefiero las ratas. Plazo límite: jueves 31 de mayo 12.00h. Salida en antena: lunes 4 de junio sobre las 18.45h. A efectos de concurso pertenece al mes de junio.

La misma piedra

Prefiero las ratas de cuatro patas, no hay matices en su forma de mirarte, sabes qué están tramando para arrancarte las mejillas, tiernas y sabrosas, y saborearlas con perlas rojas cayendo de los bigotillos a cada movimiento de hocico. Sin embargo, las ratas de dos patas te sacan los ojos y se comen tu corazón y aún así sigues creyendo sus mentiras.

Necesidad

Prefiero las ratas a los perros porque distinguen a las buenas personas de las malas. Llegado el caso, ¿cuál de ellas sería capaz de comerse a su perro?

Y se acabó mayo.

Concurso Zenda #cienciaficción

Nunca he escrito ciencia ficción. He leído mucha, muchísima. Hyperion (Dan Simmons, 1989) es mi biblia particular, Alcaudón mi nick habitual y… anda,  el nombre de este blog. Lo último ha sido El bosque oscuro, del autor chino Cixin Liu, que es excelente. En fin, a lo que iba. No seáis demasiado duros, que es mi primer relato Sci-Fi. Os dejo con El colapso, sus virtudes y sus fallos.

El colapso

Seth Lucas vio en directo por televisión cómo Naciones Unidas daba el planeta por perdido.

…Se insta a la población a que decida cuanto antes si se quedará en La Tierra a la espera de que colapse el Sol o si emprenderá un viaje espacial de resultado incierto…

La periodista parecía a punto de levantarse. Le temblaba la mano con que sujetaba los papeles. Seth estaba tranquilo. Había decidido meses atrás, cuando los primeros datos apuntaban al desastre que se avecinaba, que se quedaría. Al fin y al cabo, no todos los días se puede ver desde la ventana de la cocina cómo colapsa una estrella, pensó.

El puerto de embarque más cercano a su casa era Base Aldrin 2. Una gran explanada contenía las zonas de despegue rodeadas por un anillo de oficinas. En la zona más exterior, los controles de entrada delimitaban las instalaciones. Allí era donde se congregaba la multitud en espera de poder embarcar en alguna de las naves seminales.

Seth vivía en unos edificios de apartamentos de veinte pisos de altura que daban al perímetro de la base. Desde su casa, en la planta cuatro, casi podía oler la riada de personas que pasaban bajo su ventana. Desde que su mujer lo abandonó, no tenía más compañía que su perro labrador Dickens. Los perros no podían ir al espacio, no por el hecho en sí de ser un perro, sino porque era imposible ligar la posesión de una pila atómica a algo no humano. Seth tenía su pila codificada genéticamente encima de la mesa de trabajo, rodeada de fajos de papel, lápices y una lámpara antigua sacada de un contenedor. Seth y Dickens esperarían el fin del mundo juntos con un cubo de palomitas recién hechas y unos huesos Titán.

Las paredes del apartamento eran de papel. Los Ishizaki discutían otra vez en el piso de al lado. De fondo, se oía llorar a Ryo, el niño de cinco años, con quien Seth hablaba de superhéroes cuando se encontraban en el ascensor.

¡Cómo has podido! Eres un canalla. Oyó cómo se rompía algo de cristal.

¡No podía perder, era una apuesta segura! Me han engañado —dijo el marido—. Me han engañado.

Sólo queda la pila de Ryo —lamentó la mujer—. Sin nuestras pilas, estamos atrapados en La Tierra.

La pantalla visualizadora autocargable de Seth notificó el enésimo aviso de evacuación. Pensativo, cogió una mochila y metió la pantalla en ella; también la pila atómica y un muñeco de Batman. Se echó algo de colonia. Salió al descansillo y tocó el timbre de los Ishizaki.

Ryo ya no lloraba. La señora Ishizaki abrió la puerta. Llevaba el conjunto habitual de blusa blanca y falda gris de tubo con el que iba a trabajar.

Siento si le hemos molestado. La mujer ya empujaba para cerrar.

Un momento —dijo Seth. Miró de arriba abajo a la señora Ishizaki—. Quiero proponerles una cosa. Sacó un poco la pila de la mochila. El señor Ishizaki observaba desde una esquina de la sala de estar. Tenía los faldones de la camisa colgando por encima del pantalón y las mangas remangadas.

Se sentaron los tres en el sofá, frente a una mesita de cristal. Seth sacó la pantalla y la pila. Cuando vieron la pila, los Ishizaki se miraron, confusos.

No he podido evitar oir lo que decían. ¿Quieren salvar al niño? Les ofrezco un trato. Estoy dispuesto a transferir mi pila a uno de ustedes; lo que pido a cambio es muy poco. Puso la mano sobre el muslo de la señora Ishizaki, subió y bajó lentamente, y sonrió.

Hablaron. Discutieron. Al terminar, Seth se levantó, le dio el muñeco a Ryo y le guiñó un ojo a la señora Ishizaki.

Cuando se decidan, avisen. Pero no tarden, a saber cuánto dura el Sol… Estaré en mi apartamento.

Sonaron unos nudillos en la puerta del apartamento de Seth. Hizo pasar a la señora Ishizaki. Dickens movía el rabo, encantado de recibir visita.

Encierre al perro, por favor. Les tengo un miedo de muerte.

Claro, claro —dijo Seth. Ya estaba fantaseando con la cremallera de la falda sobre la cadera derecha. Metió a Dickens en la cocina, cerró la puerta y se giró, sonriendo.

¿Qué le parece si vamos a la hab…?

No terminó la frase. La señora Ishizaki tenía un pequeño revólver en la mano derecha. Seth se quedó mirando el cañón.

Siéntese, con las manos a la vista —dijo la mujer, señalando la silla de escritorio con el cañón del arma.

Tranquila, era una broma. ¿No lo ve? Jamás se me ocurriría aprovecharme de…

Silencio. —La señora Ishizaki se dirigió hacia la puerta del apartamento y la abrió, sin dejar de apuntar a Seth. Su marido entró en casa de Seth—. Ahora va a programar su pila con mi ADN.

Seth hizo lo que le pedían. Codificó la pila atómica con las características de la señora Ishizaki. ¿Y ahora qué?, pensó.

Los Ishizaki encerraron a Seth en la cocina, con el perro. El marido se quedó en el salón, con el arma, para que no escapara, mientras su mujer y su hijo preparaban las maletas en el otro apartamento. Una hora más tarde, asomado a la ventana, los vio sumarse a la riada de personas que fluían bajo la ventana en dirección a la Base Aldrin 2.

Ishizaki miró el revólver y a la puerta de la cocina. Amartilló el arma y giró el pomo. Dejó salir a Dickens, entró y se encerró con Seth Lucas.

 

ACTUALIZACIÓN: ya ha salido en Zenda la lista con los diez relatos que pasan a la final. El colapso no está entre ellos, claro. ¡Enhorabuena a los afortunados! Los podéis leer aquí.

IV Concurso de microrrelatos EAPN España

Dejo por aquí otra convocatoria con microrrelatos de por medio. El tema no es tan lúdico como el del cine del último artículo, pero es muy importante. En este caso el plazo acaba el 16 de abril, ¡daos prisa! También tiene un premio a la altura del certamen, aunque no sea la razón que busquéis para participar.

El microrrelato con el que participo se basa en la misma idea que otro que ya escribí para relatos en cadena: cómo enfrentarte a un desahucio. Ahí va, espero que os guste:

El lanzamiento

Una llamada al timbre sorprendió a Ana recién levantada, con la cafetera de aluminio al fuego. Es demasiado pronto, pensó. Corrió la mirilla. Un casco de asalto tapaba casi todo el descansillo. Se adivinaba una fila de cuatro o cinco hombres de uniforme. Dos de ellos sostenían un ariete negro, brillante y aceitado.

¡Un momento! No estoy vestida.

El ariete llamó a la puerta.

¡Ya voy, ya voy! Ana corría por la casa para coger la maleta que tenía preparada.

La cerradura saltó y las bisagras cedieron. Ana cayó de rodillas, con las llaves en la mano.

¡Hasta la próxima!

V Concurso de Microrrelatos ‘Rodando’

Ya que no consigo escribir nada decente más allá de algún microrrelato que otro, he enviado una cosa a este concurso convocado por la Escuela de Escritores. El premio es muy interesante, un curso de verano del crítico cinematográfico Jordi Costa, así que os animo a participar. En el enlace de la Escuela está toda la información.

¡Sólo hasta el 7 de abril!

Lo que el viento se llevó

Voy a rodar mi primer corto.

Serás Clark Gable en Lo que el viento se llevó —dijo mi nieta, la directora. En mi casa se decía gable, no gueibol, pero me vale.

¿Habrá escena de beso? Avísame si hay escena de beso, que he perdido la práctica. Mi Vivien murió antes de que tú nacieras.

Tranquilo, abuelo, es una versión moderna. Scarlett pasará de Rhett y se irá a la guerra, no será en Atlanta sino en Móstoles, y no habrá esclavos.

Entonces no es Lo que el viento se llevó.

Será mi Lo que el viento se llevó.

Me he hecho gracia a mí mismo jugando con lo de «corto» y  «Lo que el viento se llevó». Sí, lo sé, dejadme.

Microrrelatos abril 2018

Empezamos abril con la semana 23 de Relatos en cadena. Quedan tres meses de concurso y luego… ¡final anual! Me hace ilusión, creo.

Semana 23: Nos enviaban de una patada a las duras calles.

Contrato por obra

Nos enviaban de una patada a las duras calles después de cada obra a la cola del paro. Capataces, obreros o gruistas, lo mismo daba. Los sacos de escombro llenos de azulejos, las palas herrumbrosas y los cascos llenos de polvo permanecían tirados hasta que alguien los veía, se los llevaba y los revendía para sacar cuatro perras. Quizá ellos tuvieran alguna oportunidad de seguir siendo útiles.

Semana 24: Era nuestro sueño.

Era nuestro sueño desde que leímos It: conocer a Stephen King. Surcamos el océano, condujimos un Mustang y llegamos a Maine. Un lugareño con un traje de payaso al que le faltaba uno de los pompones que hacían de botón, nos dijo que no nos molestáramos: la supergripe había acabado con toda la familia King. Y con los los demás, ya que preguntan, dijo. Pero vengan, vengan conmigo: aquí abajo todos flotan. Vosotros también flotaréis.

Vaya. Te habrás quedado a gusto, pensarás. Bueno, esta semana de m*****a es lo que hay, lo siento, me he equivocado y no volverá a ocurrir.

Semana 25: No seas impaciente.

Hora de comer

No seas impaciente, decía siempre la señorita. Le miraba a los ojos y sonreía, llenaba la cuchara de puré y se la acercaba a la boca. Una, dos, tres veces seguidas, hasta que a la cuarta él lanzaba un gemido. No seas impaciente, repetía la señorita, aún queda puré. Él oía la intención en el tono de ella, pero no le consolaba. En realidad, se estaba quemando la lengua. Lo que peor llevaba a sus treinta y siete años era no poder decírselo a la señorita.

No ha sido un mes inspirado, la verdad.

El de la semana 26 lo pongo en mayo, a ver si así consigo ordenar mejor los contenidos.

Microrrelatos marzo 2018

A pesar de que estamos ya a 8 de marzo (¡huelga!) éste es el primer microrrelato que cuelgo, el del día 1 lo considero de febrero. Ya, ya lo sé. Es que tengo limitaciones, ¿vale? Allá van los microrrelatos de marzo, espero que os gusten.

Semana 20: Salieron juntos cogidos de la mano.

Pagar las facturas

Salieron juntos cogidos de la mano después de limpiar el cuadrilátero, coserse las heridas y darse una ducha. Como cada noche, se llevaron el montante de la bolsa a casa. Abrazados en la cama, dijeron que sería la última vez; ya se las apañarían para pagar las facturas.

Estoy satisfecho a medias con el resultado.

Actualización 1: finalista semanal.

Actualización 2: ganador.

Pues nada, a la final mensual, creo. Sorprendido es poco, que de entre 906 microrrelatos enviados se queden con el mío es desconcertante, a pesar de que me guste.

Me da un poco de pena no haber disfrutado del momento como se merecía. Me llamaron el lunes a media mañana para decir que era finalista, otra vez a mediodía para hacerse una idea a grandes rasgos de quién era yo y, por último, a la hora del programa para entrar en directo. Sin embargo, ese día lo pasé en el hospital, con mi padre, y justo a la hora de Relatos en cadena en La ventana de La Ser, estaba esperando a que saliera de quirófano. Os podéis imaginar que no estuve especialmente lúcido, creo que dije un par de tonterías, alguna obviedad, frases hechas e incluso alguna incoherencia. De verdad que no me daba la cabeza.

En cualquier caso, mil gracias por la oportunidad de estar ahí. ¡Ah! Aquí puedes votar al que más te guste de cada mes.

Actualización 3: ¡A la final anual! Muchas gracias a las seis personas que leyeron el micro y votaron para contabilizarlo en el voto popular (lo digo sin ironía, lo valoro mucho). Como no hice ninguna promoción entre familiares y amigos y este blog no lo lee nadie, la cifra quedó un poco ridícula en comparación con los 185 y 150 votos que recibieron Paloma y Rosa, mis compañeras en la final mensual. Me quedo con que me votó la mesa de escritores al completo. ¡Gracias!

En la primera quincena de julio estaré con los demás finalistas en el estudio de Madrid de la Cadena Ser. Esta vez no se me olvidará, lo prometo.

Semana 21: Ya se las apañarían para pagar las facturas.

Desalojo

Ya se las apañarían para pagar las facturas. ¿Qué podía hacer yo? Obedecer. Para eso estamos. Aunque quizá no debería haber arrastrado a esa señora por el asfalto, creo que le rompí un brazo. Bueno, estos de la PAH siempre exageran. Si es que lo mío es el ariete, no contener a las multitudes; si Ramírez hubiera estado en su puesto, no en su casa… Aunque, en el fondo, me apetecía más verle la cara al echar la puerta abajo.

Qué raro es comenzar por la frase de un relato propio. El micro me gusta excepto por, al menos, un error garrafal que sabía que tenía que corregir y al final no hice: cambiar las siglas por el nombre con todas las letras, escrito como está carece de significado para todo aquel que no las conozca (Plataforma de Afectados por la Hipoteca). Pero como decía más arriba, no ha sido una semana fácil.

Semana 22: Pesaban muy poco pero aplastaban sueños.

Mala decisión

Pesaban muy poco pero aplastaban sueños y recuerdos. Cada neurona muerta por la quimioterapia se llevaba una parte de su vida. En la primera sesión olvidó el olor del césped recién cortado, en la última perdió el sabor de su primer beso. Como no mejoraba, los médicos decidieron abrir el cráneo y asomarse dentro. Cuando lo hicieron, las neuronas volaron y se apagaron los ojos que las veían alejarse.

Bueno, ha sido un mes interesante. En abril, más.

Microrrelatos febrero 2018

febrero 2018

Qué frío, ¿no? Si llueven las palabras igual que caen los copos, será un buen mes.

Siempre se me olvida poner que estos relatos son para Relatos en cadena, de Escuela de escritores y Cadena SER. Empezamos febrero con un microrrelato que me gusta mucho, aun siendo consciente de que le falta chicha para ser bueno.

 

Semana 17: Se quedaban discutiendo dónde pondrían el sofá.

Día de limpieza

Se quedaban discutiendo dónde pondrían el sofá siempre que lo movían para limpiar debajo.

Un palmo a la derecha —decía él.

No, dos a la izquierda —respondía ella.

Movían y miraban. Empujaban y recolocaban. Una y otra vez. Y sacudían la cabeza, mirándose.

Uno de estos días alguien va a notar el charco de sangre. ¡Si te fijas bien, se ve la marca!

Pues el que lo vea será el siguiente en morir. ¡No te obsesiones!

Al terminar, se sentaron en el sofá. Ella cogió el mando de la tele y la encendió.

¡Mira, esta noche ponen Rebeca! Me encanta esa película.

 

Semana 18: Con los pies a remojo mientras pescaban.

El hombre más viejo de la isla

Con los pies a remojo mientras pescaban y los ojos bien abiertos mirando el horizonte. Así murió mi abuelo, el hombre más viejo de la isla. Mi padre estaba con él. Dice mi padre que vio la línea más allá del horizonte en la que viven los muertos, y que vio a su madre —mi abuela— agitar la mano.

Mi nieto ya es un hombrecito. Mañana voy a pescar con mi hijo. Ahora yo soy el hombre más viejo de la isla y mi mujer murió. Ojalá vea esa misma línea allá a lo lejos y sonría por última vez.

Tiene muchos errores, pero me apetecía probar un tono diferente.

 

Semana 19: Hacía casi dos milenios que lo habían crucificado.

Esta semana van dos de una tacada. En realidad,el primero no cuenta: está escrito del tirón, sin correcciones, y con la única finalidad de echarme unas risas al hacerlo. El segundo me gusta más, excepto el final. La palabra final. Psé.

Brian Jesús

Hacía casi dos milenios que lo habían crucificado cuando le homenajearon los Monty Phyton. Pobre Brian. Con lo poco que le gustaba eso de ser el elegido. Y mira que lo decía: «¡No me sigáis! ¡Me confundís con otro!». Pero nada. Ni Pijus Magníficus dejó que se fuera. Al menos los romanos eran majos. «Una cruz por persona». Nada de apreturas. Y el final. Qué final tuvo: cantando junto a los demás crucificados como si no hubiera mañana.

Dieta cruda

Hacía casi dos milenios que lo habían crucificado y ahí estaba, sin hacer nada, mirando desde su cruz en lo alto de la cama cómo me desangraban estos matasanos. «Es para un análisis», dicen. Siempre dicen lo mismo. Pero Berta, una enfermera regordeta, no puede evitar relamerse cuando la sangre fluye por la vía; le brillan los ojos y se le arrebolan las mejillas. Alcé la mirada hacia el cristo. No parecía dispuesto a liberarme de estos depravados.

Pues nada, esto es lo que ha dado de sí febrero. ¡Hasta marzo!

Microrrelatos enero 2018

Año nuevo. Otra vez. Éste es el 2018. Uno más que el año pasado, qué cosas. ¿Qué nos depararán los Relatos en Cadena de la ídem Ser? De momento, aquí están los míos.

Sí, ya sé, tengo el blog abandonado. ¿A quién quiero engañar?

Semana 14: Pestañeó dos veces para decir que sí.

A fondo

Pestañeó dos veces para decir que sí. Estaba decidido. Harto de todo, Juan contaba con la complicidad de su hermano Aarón, que estaba con él el día del atropello. Aquel camión destrozó las dos bicicletas y la espalda de Juan, inmóvil desde entonces. No podía seguir postrado sin hacer nada.

Aarón cargó con Juan, lo sentó en el asiento del copiloto y aceleró. Llegó a un cambio de rasante y tras él a un puente. Dio gas a fondo y derrapó. Cuando se detuvo el coche estaban frente al camión, aparcado ante una casa destartalada. Llamaron al timbre. El camionero abrió la puerta.

Empezamos el año con atropellos. Qué bonito.

Semana 15: Ya recogerían la mesa mañana.

Un día cualquiera

Ya recogerían la mesa mañana, pensó Ana. Sonó el timbre. Se levantó a ver quién era, corrió la mirilla y la cerró con un suspiro. A fin de cuentas, quizá no pudieran quitar la mesa. Las mochilas de los niños y la única maleta que tenía hacían cola frente a la puerta. «¡Nos vamos a casa de la abuela!», dijo. Apagó la tele, cogió las llaves y miró por última vez el sobre con la citación del banco. «Lanzamiento hipotecario». Lo rompió en cuatro trozos, escupió sobre ellos y abrió la puerta del piso con sus tres niños detrás.

La policía esperaba en el rellano.

Semana 16: Los rincones vacíos de la casa ya desmantelada.

Ida y vuelta

Los rincones vacíos de la casa ya desmantelada abrazaron la bola de demolición hartos de tanta miseria. Llevaban años sin recibir más que telas de araña y ratas como conejos, que roían el rodapié hasta astillarlo. Atrás quedaron los tiempos de cobijar canicas, guisantes e incluso algún diente de leche entre sus ángulos. Sin embargo, cuando llegó al hora, el operador de grúa dudó: nunca fue tan feliz como en aquella casa de rincones olvidados.

¡Esto es todo en enero, amigos!