Las presentaciones en los blogs siempre me han parecido ridículas. Cuentan historias que mezclan intereses personales, curriculum vitae y vivencias a lo largo de los años que no aportan nada más que ruido y lugares comunes.

Así que empezaré diciendo que nací en los 80, el mayor de tres hermanos -cinco en realidad, hermanos entre sí dos a dos, aunque eso es otra historia-, hijo de padre ferretero y madre periodista. El primero se acaba de jubilar y la segunda falleció hace unos años.

Estudié psicología, me licencié, hice un máster en Ciencias Forenses, me flipé, lo metí todo en un cajón y seguí tras el mostrador de la tienda, en la que entré con apenas 21 años. Procrastinador de vocación y autónomo por obligación, me ganaba la vida vendiendo cosas que primero compraba a otros intermediarios en la gran cadena capitalista. A finales de 2017 cerré mi tienda para siempre —con lo bonita que era— y salté al maravilloso mundo de las oposiciones. Sigo procrastinando, pero tuve que hacer otro puñetero máster para poder ser Orientador Educativo en la educación pública (de todos y para todos) y ahora oposito para no arrastrarme por los bajos fondos de la lista de interinos. Ah, la vida.

En marzo de 2020, la pandemia y el confinamiento lo cambiaron todo.

Y ya va, ya va: los intereses personales. Seguiré el camino trillado de contar que me gusta el cine, las series, leer y escribir y hacer deporte, cuando en realidad lo que me motiva es tirarme en el sofá a golpe de mando, multipantalla o un libro, acojinado y espatarrado, para que cuando termine el día preguntarme qué puñetas he hecho con mi tiempo.

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P.D.¹ Una vez fui a Japón. Tuvieron que sacarme a rastras de allí.
P.D.² Fui por segunda vez. Ay.