Microrrelatos febrero 2018

febrero 2018

Qué frío, ¿no? Si llueven las palabras igual que caen los copos, será un buen mes.

Siempre se me olvida poner que estos relatos son para Relatos en cadena, de Escuela de escritores y Cadena SER. Empezamos febrero con un microrrelato que me gusta mucho, aun siendo consciente de que le falta chicha para ser bueno.

 

Semana 17: Se quedaban discutiendo dónde pondrían el sofá.

Día de limpieza

Se quedaban discutiendo dónde pondrían el sofá siempre que lo movían para limpiar debajo.

Un palmo a la derecha —decía él.

No, dos a la izquierda —respondía ella.

Movían y miraban. Empujaban y recolocaban. Una y otra vez. Y sacudían la cabeza, mirándose.

Uno de estos días alguien va a notar el charco de sangre. ¡Si te fijas bien, se ve la marca!

Pues el que lo vea será el siguiente en morir. ¡No te obsesiones!

Al terminar, se sentaron en el sofá. Ella cogió el mando de la tele y la encendió.

¡Mira, esta noche ponen Rebeca! Me encanta esa película.

 

Semana 18: Con los pies a remojo mientras pescaban.

El hombre más viejo de la isla

Con los pies a remojo mientras pescaban y los ojos bien abiertos mirando el horizonte. Así murió mi abuelo, el hombre más viejo de la isla. Mi padre estaba con él. Dice mi padre que vio la línea más allá del horizonte en la que viven los muertos, y que vio a su madre —mi abuela— agitar la mano.

Mi nieto ya es un hombrecito. Mañana voy a pescar con mi hijo. Ahora yo soy el hombre más viejo de la isla y mi mujer murió. Ojalá vea esa misma línea allá a lo lejos y sonría por última vez.

Tiene muchos errores, pero me apetecía probar un tono diferente.

 

Semana 19: Hacía casi dos milenios que lo habían crucificado.

Esta semana van dos de una tacada. En realidad,el primero no cuenta: está escrito del tirón, sin correcciones, y con la única finalidad de echarme unas risas al hacerlo. El segundo me gusta más, excepto el final. La palabra final. Psé.

Brian Jesús

Hacía casi dos milenios que lo habían crucificado cuando le homenajearon los Monty Phyton. Pobre Brian. Con lo poco que le gustaba eso de ser el elegido. Y mira que lo decía: “¡No me sigáis! ¡Me confundís con otro!”. Pero nada. Ni Pijus Magníficus dejó que se fuera. Al menos los romanos eran majos. “Una cruz por persona”. Nada de apreturas. Y el final. Qué final tuvo: cantando junto a los demás crucificados como si no hubiera mañana.

Dieta cruda

Hacía casi dos milenios que lo habían crucificado y ahí estaba, sin hacer nada, mirando desde su cruz en lo alto de la cama cómo me desangraban estos matasanos. “Es para un análisis”, dicen. Siempre dicen lo mismo. Pero Berta, una enfermera regordeta, no puede evitar relamerse cuando la sangre fluye por la vía; le brillan los ojos y se le arrebolan las mejillas. Alcé la mirada hacia el cristo. No parecía dispuesto a liberarme de estos depravados.

Pues nada, esto es lo que ha dado de sí febrero. ¡Hasta marzo!

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