Microrrelatos de diciembre

diciembre

¡Diciembre! Navidad a la vuelta de la esquina. Qué ganas, eh. Pongo a los Hermanos Marx en portada para, al menos, tomarlo con humor.

Vamos con los microrrelatos del mes. Recordad que los publico cuando: 1) Ya ha terminado el plazo para presentarlos a concurso. 2) Me acuerdo de hacerlo.

El punto 2 es muy importante.

Semana 11: Tardaría en encontrar la llave que necesitaba.

La costumbre

Tardaría en encontrar la llave que necesitaba si no elegía un buen método de clasificación. Por tamaño, por color, por número de dientes. Aunque ya daba igual. Caminó con la cabeza gacha. Deslizaba las llaves una a una por la anilla y recordaba al tendero que le había hecho las copias, un hombre gruñón con matas de pelo blanco sobre las orejas que limpió las asperezas con una pequeña lima. Llegó al portal de su casa. Subió a su piso y vio el precinto de la policía. Había olvidado que le habían desahuciado. Dio media vuelta, bajó a la calle y tiró el llavero por una alcantarilla.

¿Es tan malo como parece?

Semana 12: Su padre también le dejaba conducir la furgoneta.

Carpe diem

Su padre también le dejaba conducir la furgoneta desde que desapareció su madre. Al principio, aceptó que viera la tele hasta las tantas y que se acostase tarde; después llegó lo de cenar pizza todos los días, nada de espinacas con bechamel. La cama de su habitación estaba siempre deshecha y el hámster, tieso por el rigor mortis. Conducir con doce años era una pasada y, al final, dejó de ir al colegio. Todo eran ventajas: quizá el año que viene también matase a su padre.

Éste me gusta más, aunque el final… Psé.

Semana 13

El lago

Bucear en el lago que había al lado de la casa fue lo primero que me prohibieron al empezar las vacaciones. Había un muelle de madera medio podrido con unas escalerillas metálicas al final. Me asomé y pisé el primer peldaño. Bajo el agua algo brillaba cuando le daba el sol. Segundo peldaño, el agua me llegaba casi a la cintura. Me puse las gafas de bucear y me hundí. Algo seguía lanzando destellos al fondo. Bajé y bajé pateando el agua, me pitaban los oídos, y entonces lo vi: un espejo que reflejaba mi cara y detrás, unas fauces abiertas acercándose a toda prisa.

Está claro, no ha sido un buen mes para mis microrrelatos.

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