Microrrelatos de octubre

microrrelatos

Al final siempre ando liado con alguna cosa y se me olvida actualizar el blog. Creo que puede ser una buena idea utilizar una publicación al mes para los microrrelatos, ir añadiendo uno cada semana a la misma entrada y cerrarla a 30 o 31.

Voy a empezar con octubre, así que repetiré el que aparece en la entrada anterior y pondré los que ya están terminados.

 

Semana 4 de Relatos en Cadena 2017-2018

Estuvo bien

La ciudad del amor fue nuestro último viaje juntos. Estuvo bien. Me dijo “te quiero” dos veces. Sólo me pegó cuando lo merecí de verdad. Apenas gasté maquillaje. Nada de cabestrillos, visitas nocturnas al médico o disparatadas historias que justificaran los morados. Sin embargo, al mes de volver a casa, una noche llegó con los ojos inyectados en sangre y me apaleó hasta dejarme en coma.

-¡Puta! -gritaba mientras me mataba.

Cuando desperté en Urgencias, pregunté por él. Un policía dijo que se había suicidado.

-Creería que la había matado a golpes, señora -declaró.

Yo sólo pude recordar nuestro último viaje juntos. Estuvo bien.

 

Semana 5 de Relatos en Cadena 2017-2018

El ascensor

¡Que todo vuelva a ser como antes! —exclamó el señor López, del 3ºB, golpeando el suelo con el bastón. La reunión de vecinos llegaba a su fin. El nuevo ascensor taparía la ventana de su cocina, la única por la que entraba luz natural. Pensó que veinte años en el edificio le darían más voz, pero no fue así. La señora Aguirre, esa bruja del 4ºA, se encargó de ello; dijo a todos que, si aprobaban el ascensor, cedería su terraza ático gratis para una barbacoa al mes. Él ofreció café con magdalenas con una buena novela radiofónica de fondo. Sólo consiguió que se rieran de él.

 

Semana 6 de Relatos en Cadena 2017-2018

El acantilado de los López

Vuelve a pedirme que le empuje, —susurró la tía Matilde con la voz rota. Ninguna de las dos éramos capaces de hacerlo. El tío Miguel nos dijo, casi con las últimas palabras que pudo pronunciar antes de quedar paralizado por el cáncer, que quería terminar sus días en el acantilado, ése que está tras la casa del pueblo.

Cuando acecha la muerte, los hombres López se tiran —confirmó la tía Matilde. Siempre fue así.

Esta vez no iba a ser una excepción. Nos miró. Juntas, dimos dos pasos hacia delante. El fuerte viento salobre nos hacía lagrimear. Nos asomamos, pero no vimos nada.

Espero que os gusten los microrrelatos del mes. Como dice un compañero de Escuela, ¡seguimos!

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