Microrrelatos de noviembre

noviembre

Aquí dejo los microrrelatos correspondientes al mes de noviembre.

Semana 7 de Relatos en Cadena 2017 – 2018

La botella de champán

Y se ríe indisimuladamente, el muy canalla —pensó ella. Dejó la botella de champán como le habían enseñado en la escuela de hostelería, se irguió y puso su mejor sonrisa falsa.

¿Desean algo más los señores? —preguntó. No se explicaba cómo había obtenido esa reacción con su mejor truco para ligar; siempre lo usaba con los hombres para sacar buenas propinas.

Los dos hombres alzaron la mirada. Uno extendió el brazo inquierdo sobre el mantel; el otro lo interceptó con su mano derecha. Se apretaron la mano con ternura.

Nada más por ahora, gracias.

Semana 8 de Relatos en Cadena 2017 – 2018

Mario y María

¿Qué será lo que le ponía su madre? María fruncía el entrecejo, caminaba despacio por la casa, respiraba en los rincones. No había manera de recordar. Fue a su habitación. Abrió el último cajón de la cómoda, metió el brazo hasta el fondo entre chándals y jerséis. Tocó algo suave, con encajes. Lo sacó con cuidado. Era un disfraz. Entre los pliegues había una foto. Era él, en El Retiro, vestido de princesa, con una sonrisa que casi no cabía en la imagen. Su madre siempre entendió que, en realidad, Mario era María.

Semana 9 de Relatos en Cadena 2017 – 2018

El equipo de los vivos

No podremos salir del castillo hasta el próximo Halloween. Da igual, aquí tenemos todo lo necesario para entretenernos. Hay momias, licántropos, vampiros e incluso un zombie —está un poco pocho, pero con sus lentos paseos le da alegría a los pasillos húmedos y a las habitaciones mohosas—. Mi familia y yo somos los únicos seres de sangre caliente, ¡el equipo de los vivos! Lo malo es que todos los demás quieren que cambiemos de equipo.

Semana 10 de Relatos en Cadena 2017 – 2018

Otro camino

No pudo seguir adelante sin ella después del funeral. Lo intentó todo: se emborrachó con los amigos, le dieron calabazas en una app de ésas para encontrar pareja, fue al psicólogo. Incluso hizo horas extra en la oficina. Pero al volver a casa, en el sofá seguía el cojín con su postura marcada, la cama creció hasta convertirse en una llanura siberiana, la toalla de ducha de la derecha hacía meses que no se cambiaba. Incluso la cafetera borboteaba demasiado café para una sola taza. Al final, hizo lo único que podía hacer para superar el duelo: la desenterró y se la llevó a casa.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *