Final de la XI edición de Relatos en cadena

final

El lunes 2 de julio es la gran final de la XI edición del concurso Relatos en cadena, de Escuela de escritores y la Cadena Ser en su programa La Ventana. Por alguna razón, soy finalista con el microrrelato Pagar las facturas, ganador del mes de marzo, y quería recopilar el trabajo de mis compañeros para que estén todos estos micros tan dispares junticos y a mano. Así, de paso, releo el trabajo de los finalistas.

Septiembre 2017 – Patricia Collazo

Itinerantes

La casa ha comenzado a llenarse de hormigas, dice mi madre. Y nos mudamos de ciudad. Eso ocurre cada tres o cuatro meses. Mi hermana y yo hemos pasado por tantos colegios que ya no recordamos sus nombres.

Cuando nos instalamos, llama a mi tía y le dice que ya estamos a salvo. Pero nunca le quiere dar la nueva dirección. Te conviene no saberla, suele decirle. Como si las hormigas fueran capaces de sonsacársela para poder dar con nosotros de nuevo. Aunque tome tales precauciones, lo mismo da. Ellas terminan encontrándonos. Y toca recogerlo todo, cargar el coche y cambiar de amigos y de cole. Otra vez.

Octubre 2017 – Francesc Barberá

El deseo

La ciudad del amor cambió totalmente a papá. Cuando volvieron del viaje, mamá estaba entusiasmada. Pero no tardó en arrepentirse de haber pedido aquel deseo. Papá hacía cosas muy raras: todas las noches le cantaba una serenata y le llenaba la habitación de rosas. Incluso llegó a contratar un avión para que dibujara sus nombres en el cielo. Han decidido volver a París. Papá quiere casarse frente a la Torre Eiffel. Mamá está deseando regresar a aquel puente, cerrar los ojos y pedir que todo vuelva a ser como antes.

Noviembre 2017 – Carmen Alonso

Mi bebé

Y se ríe, se ríe con cualquier cosa. Se ríe al despertarse, y antes de dormir, y cuando lo tomo en brazos y lo beso, y cuando salimos a pasear, y cuando lo baño. Solamente llora cuando le doy de comer, no le gusta la papilla que le hago con patata, zanahoria y un poco de pollo; lo pongo todo a hervir y cuando está hecho lo paso con la batidora.
Desde el día en que lo vi en el parque supe que yo sabría hacerle feliz. ¿Qué será lo que le falta al puré?, ¿Qué será lo que le ponía su madre?

Diciembre 2017 – Victoria de la Fuente

Padre permisivo

Su padre también le dejaba conducir la furgoneta, arreglar la cerca, bajar los sábados al cine del pueblo, ir al bosque a coger leña y piñas para encender la chimenea y, esa Navidad, le permitió poner él solo las luces del árbol. Lo único que le tenía prohibido, desde que su madre los abandonó para irse con otro, era bucear en el lago que había al lado de la casa.

Enero 2018 – Lorenzo Rubio

Mimos

Pestañeó dos veces para decir que sí estaba bueno el filete, pero se había quedado con hambre. Su mujer le respondió con aplausos. Claramente, eso significaba te fastidias, haberlo acompañado con pan. Enojado, él se tocó las orejas para pedirle el divorcio, pero automáticamente ella reaccionó tirándose de los pelos. Era lo más bonito que nunca le había susurrado, así que la perdonó hurgándose la nariz. Fue cuando su esposa hizo la ola levantando y bajando los brazos, una señal inequívoca. Excitadísimos los dos, se fueron dando saltos de rana hacia el dormitorio. Ya recogerían la mesa mañana

Febrero 2018 – Rafa Olivares

Dilema

Se quedaban discutiendo dónde pondrían el sofá durante horas. Aunque en realidad las opciones no eran tantas: o bajo la palmera o en la orilla, con los pies a remojo mientras pescaban.

Marzo 2018 – Fernando Díaz Pérez

Pagar las facturas

Salieron juntos cogidos de la mano después de limpiar el cuadrilátero, coserse las heridas y darse una ducha. Como cada noche, se llevaron el montante de la bolsa a casa. Abrazados en la cama, dijeron que sería la última vez; ya se las apañarían para pagar las facturas.

Abril 2018 – Alba Baro

Luchas a distancia

Pesaban muy poco pero aplastaban sueños. Seleccionábamos las piedrecillas más pequeñas, aquellas que apenas se percibían escondidas en nuestros bolsillos. Luego, encogidos entre los arbustos, apuntábamos, guiñando un ojo, mordiéndonos la lengua, para terminar celebrando en un silencio exultante cada barquito derruido. Al otro lado, los niñitos repeinados, con cuellos camiseros y pantalones de pana lloriqueaban demandando la presencia de sus nanys.

Décadas después se cobraban su venganza. Con sus ligeras plumas trazaban gráciles firmas que nos enviaban de una patada a las duras calles.

Mayo 2018 – Nicolás Jarque

Venganza mortal

Cuando éramos jóvenes practicábamos la inconsciencia, hacíamos gala de ello. Quien más quien menos, entre mis amigos, se solía emborrachar, caminar por la barandilla del puente de los colgados, nadar a contracorriente las noches de mar picada. La Muerte nos temía. Cuando la veíamos aparecer al final de una callejuela, en el rincón más oscuro de una taberna o en medio de un tumulto, con esa pose tan regia, nos mofábamos sin piedad. Ella bajaba la cabeza y se marchaba arrastrando su túnica. Ahora nos arrepentimos. Pasan los años lentamente y la Muerte se ha olvidado de nosotros.

Junio 2018 – Asier Susaeta

Mundo subterráneo

Prefiero las ratas porque, aunque lentas, son de fiar. El resto prefiere tirarles huesos a los caimanes para que se los traigan, luego los acarician y claro, así a casi todos les faltan dedos. Por suerte sólo se necesitan dos para jugar a los bolos con una calavera de las redonditas, de las de abuela. Al quién es quién, sin embargo, pueden jugar hasta los mancos. Cronometramos un minuto de lloriqueos, cada uno hace su apuesta y después les preguntamos cómo se llaman a través de la alcantarilla. Los muy ilusos siempre nos hacen prometerles antes de responder que los dejaremos entrar.

— x —

Son buenos, ¿verdad? No sé cuál es el sistema de votación en la final ni cuántas personas votan; no me gustaría estar en el pellejo del jurado. Tengo un par de favoritos, relatos de esos que lees y te dejan poso, pensativo, dándole vueltas, relees y asientes en silencio. Por lo que a mí respecta, el micro elegido será justo vencedor porque, en el fondo, todos me gustan.

Intentaré parecer un ser humano integrado durante la jornada, no como la ameba en que me he convertido (más) durante el estudio de la oposición. Será interesante: visita a la sede de la Escuela de escritores (que conozco bien), comida con los compañeros finalistas, Javier Sagarna y Germán Solís, y visita a los estudios de la Ser para dar en directo la final. Si por lo que sea me preguntan algo y soy capaz de pronunciar más de dos palabras, diré que la constancia es la mejor virtud para escribir algo, lo que sea. Siempre es mejor escribir que no hacerlo, da igual el resultado. Si no escribes, nunca escribirás nada. Juro (dedos cruzados) que no me acuerdo de los greatest hits de M.Rajoy al decir esto.

final
“¡Claro que me lo estoy pasando bien!”

También tengo curiosidad por ver la redacción de la Ser tantos años después, fui de niño y aún conservo esos recuerdos basados en imágenes difuminadas de micrófonos amarillos, sonidos huecos dentro unos auriculares gigantescos que me ponían cuando acompañaba al estudio a mi madre.

Gracias por llegar hasta el final del camino, el curso que viene habrá más microrrelatos. ¡Feliz verano!

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *