¡Estoy vivo! ¡Vivo!

He vuelto.

Nunca me fui a ninguna parte, pero he vuelto. He probado suerte en el mundo laboral como autónomo, con mi propia tienda, y qué queréis que os diga: pierdes tiempo, dinero, calidad de vida y se te fríe el cerebro 24/7.

Nunca más.

Lo primero que hice, semanas antes del cierre, fue asegurarme de mi regreso a la Escuela de Escritores. Empiezo de nuevo en Relato Breve tras el coitus interruptus del año pasado. Lo segundo, aunque solapado con lo primero, trazar un itinerario de futuro; ahora soy opositor a una plaza de orientador educativo en las oposiciones de 2018.

Me acostumbro a esta nueva condición como puedo. De momento, participaré en los relatos en cadena cada convocatoria, si me acuerdo, empezando por esta cuarta semana de concurso. La frase de inicio es “la ciudad del amor”. Aquí está mi microrrelato, titulado “Estuvo bien”.

La ciudad del amor fue nuestro último viaje juntos. Estuvo bien. Me dijo “te quiero” dos veces. Sólo me pegó cuando lo merecí de verdad. Apenas gasté maquillaje. Nada de cabestrillos, visitas nocturnas al médico o disparatadas historias que justificaran los morados. Sin embargo, al mes de volver a casa, una noche llegó con los ojos inyectados en sangre y me apaleó hasta dejarme en coma.

-¡Puta! -gritaba mientras me mataba.

Cuando desperté en Urgencias, pregunté por él. Un policía dijo que se había suicidado.

-Creería que la había matado a golpes, señora -declaró.

Yo sólo pude recordar nuestro último viaje juntos. Estuvo bien.

De momento no me salen cosas más decentes, pero de alguna manera hay que empezar.

También espero volver por aquí más a menudo.

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