A modo de introducción

Las presentaciones en los blogs siempre me han parecido ridículas. Cuentan historias que mezclan intereses personales, curriculum vitae y vivencias a lo largo de los años que no aportan nada más que ruido y lugares comunes.

Así que empezaré diciendo que nací en los 80, el mayor de tres hermanos -cinco en realidad, hermanos entre sí dos a dos, aunque eso es otra historia-, hijo de padre ferretero y madre periodista. El primero se acaba de jubilar y la segunda falleció hace unos años.

Estudié psicología, me licencié, hice un máster en Ciencias Forenses, me flipé, lo metí todo en un cajón y seguí tras el mostrador de la tienda, en la que entré con apenas 21 años. Procrastinador de vocación y autónomo por obligación, me gano la vida vendiendo cosas que primero compro a otros intermediarios en la gran cadena capitalista. Saco un rendimiento por ello y lo convierto en comida, alquiler, gasolina para la moto e internet. Mejor si invertimos el orden.

Ah sí, los intereses personales. Seguiré el camino trillado de contar que me gusta el cine, las series, leer y escribir y hacer deporte, cuando en realidad lo que me motiva, lo que espero con ansia cuando llega el fin de semana, es tirarme en el sofá los domingos por la tarde, a golpe de mando, multipantalla, acojinado y espatarrado, para que cuando termine el día y llegue el lunes preguntarme, como cada semana, qué puñetas he hecho con mi tiempo libre.

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Una vez fui a Japón. Tuvieron que sacarme a rastras de allí.